miércoles, 8 de agosto de 2018

Treinta y tres días.

Treinta y tres días fueron suficientes para perder la cabeza por vos.
Una confusión, una boba confusión de un par de personas me llevó a esto.
¿Quién eras vos?
Sólo eras alguien que existía en el mismo ambiente que yo
y ahora quiero tenerte en mi vida.
¿Por qué vos?
Todo este tiempo, tanta gente, tantas oportunidades, tanto cariño rechazado
y venís vos con tus rizos locos a enloquecerme, a moverme todo, a meterte en mi mente.
Intento y no puedo -ni quiero- sacarte de mi mente.
No dejo de pensar en nuestras madrugadas durmiendo tranquila y profundamente
pues siempre me dabas la mano, si no me abrazabas me dabas la mano
y para mí eso lo era todo.
Despertar a mitad de la madrugada porque querías hacer el amor.
Desearte así, sentirte así.
Fue tan corto, pero tan intenso.
Lleno de todo lo que puede afectar una mente
con mala memoria pero que los recuerdos la agobian.
Ahora sólo quedan conversaciones inconclusas porque elegiste guardar silencio ante mis sentimientos expuestos. Mensajes olvidados. Palabras en el aire.
Te extrañaré amigo. Extrañaré las risas, los desvelos, tu pelo, tus pendejadas, tus besos, la música, las drogas, el alcohol, pero sobretodo, extrañaré sentir.
Porque sentir es lo que deseaba y mi tacto no falla, sabía que con vos sentiría, sabía que me lastimarías y que ni cuenta te darías. Y así fue. Exactamente así fue.

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